Astrologia Karmica Schulman

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    El Ascendente su puerta karmica

    El ascendente como «puerta» se convierte en el filtro entre todo lo que existe dentro de la carta astral y todo lo que existe en el mundo exterior. Si consideramos la carta como un círculo cerrado, dotado de una puerta que da al ascendente, no resulta difícil de entender. Las personas tienen muchos pensamientos, sentimientos e ideas distintos sobre sí mismas y los demás. Pueden incluso percibir miles de maneras de emular a los demás o copiar los logros que admiran en el mundo exterior. Pueden ver en sí mismos posibilidades que por razones oscuras no pueden alcanzar. Es el ascendente el que se centra en todos estos pensamientos, sentimientos e ideas, a fin de que las personas puedan llegar a expresarse de un modo coherente en un mundo coherente. Si pensamos en la carta sin un círculo que la rodee, entonces todos los pensamientos, sentimientos e ideas se derramarían sobre el entorno y crearían una vida de dispersión incoherente. Las personas podrían sucumbir a la atracción magnética de tal cantidad de factores externos que se sentirían descorazonadoramente pequeñas en un mundo que se les antojaría demasiado grande para poder acogerlas. Por el contrario, si cerramos el círculo y dejamos el ascendente como única puerta de acceso personal al mundo exterior, obtendremos una condición en la que podremos centrar y concentrar nuestras energías dentro de un campo coherente de expresión.

    El ascendente es el filtro a través del cual podremos llegar a ejercer control sobre nosotros mismos.

    El ser interior de un individuo se compone de muchas cosas, algunas de ellas personales, otras no. Uno puede conservar en lo más profundo de su ser los recuerdos íntimos de experiencias pasadas, los conocimientos, tanto personales como impersonales, que ha adquirido, así como un sentido de la percepción del mundo. Como es natural, los distintos aspectos y posiciones planetarias afectan el modo en que el ser interior percibe todo ello. Si tan sólo estudiamos el ser interior, no estaremos analizando más que la mitad de la cuestión. El gurú que vive en la montaña puede comprender muchas cosas, pero es posible que no tenga idea de lo que significa viajar en un tren o en un autobús atestados de gente. La conciencia total de algunas personas siente pavor ante el entorno. Estas personas lo observan todo, desprovistas del sentimiento de pertenecer a todo lo que sucede en el mundo.

    Ninguno de los dos puntos de vista es totalmente correcto, ya que la vida interior y la exterior son incompletas la una sin la otra. El ascendente se encarga de unirlas.
    Si consideramos la carta como un círculo cerrado y el ascendente como la puerta de acceso, empezaremos a comprender las fronteras que limitan nuestra existencia de un modo constructivo con respecto a lo que podemos hacer de la forma más positiva. Una vez que hayamos aprendido a concentrar nuestras energías astrales a través del ascendente, podrían empezar a desaparecer todas aquellas interferencias carentes de sentido que nos impiden ser completamente nosotros mismos. En su lugar, el ego empieza a dibujarse y a desarrollar un sentido de la identidad, ya que conoce a la perfección la relación existente entre el ser interior y el mundo externo. La cuestión de la identidad no puede resolverse mediante la búsqueda de complejos psicológicos que pueden ser inherentes a determinadas posiciones planetarias dentro de la carta astral. Si bien reflejan el ser interior, estas posiciones no representan la integración entre la persona y el mundo que la rodea.

    :yy A medida que avanzamos en la vida, asimilamos ciertas cosas y descartamos otras. En todo momento experimentamos un proceso de toma y daca, un flujo de yin y yang que no cesa de remodelar la personalidad. Si no utilizamos nuestro ascendente, es fácil que asimilemos tantas cosas del entorno que lleguemos a tener serias dudas sobre quiénes somos. En el otro extremo, podemos llegar a expresar más de lo que nuestro entorno considera significativo. Sin embargo, si esta doble corriente se mantiene dentro del perímetro del ascendente, se asemeja a un cable eléctrico protegido por una funda aislante. Podemos considerar y elegir de un modo selectivo lo que asimilamos y lo que emanamos a través de este filtro protector. Para seguir empleando la analogía de una corriente eléctrica, ésta debe ser la misma en ambas direcciones si queremos que la lámpara funcione. Cuando asimilamos más cosas de las que somos capaces de expresar, la corriente de la vida se desequilibra. Como consecuencia, guardamos demasiadas cosas en nuestro interior, lo cual nos impide ver la luz. Si expresamos más de lo que asimilamos, la corriente vuelve a quedar desequilibrada y no hay iluminación alguna. Ni la pasividad (el hecho de ser receptivo a las influencias de la vida), ni la actividad (el hecho de intentar plasmar el ser interior en el entorno), representan la plenitud de la vida que perseguimos. Lo que resulta aún más interesante es que los planetas de la carta astral no pueden alcanzar un rendimiento óptimo si la corriente de energía que fluye a través del ascendente está desequilibrada.

    Si pensamos en los planetas como receptores o transmisores de energía, y en la posición de los planetas como el modo en que pueden interpretarse las distintas energías, entonces entenderemos con facilidad que el exceso o la falta de corriente a través del ascendente pueden bien obstaculizar o bien sobrecargar todo el mecanismo.

    El ascendente une el vacío existente entre el ser interior y el mundo al que la persona debe hacer frente. A fin de alcanzar el estado de ser, el individuo debe ser capaz de asociar todo lo que emana del interior del ser a una realidad mayor que pueda recibirlo. Si «todo lo que se halla en el interior de uno» no encuentra una vía de escape, la desesperación y la sensación de pérdida pueden apoderarse del ser interior. Si, por otro lado, el mundo exterior es incapaz de recibir todo aquello que un individuo puede llegar a ofrecer, el ser interior puede verse invadido por la desazón y por una sensación de falta de integración. El ascendente proporciona un equilibrio que permite que todo lo que se halla en el interior del individuo halle en última instancia comprensión a través del contacto con el entorno.

    En ocasiones observamos a personas que se esconden detrás de sí mismas, que forjan ilusiones en su ser interior, al tiempo que contemplan cómo el entorno se plasma de un modo impersonal en ellos a través del ascendente. A veces encontramos a personas que se creen obligados a empujar la carta a través del ascendente, a sacar al exterior la energía de los planetas y los aspectos por la fuerza. En tales casos, estas personas suelen perder el ser interior en el entorno. Los hindúes afirman que la vida es como estar en un puente bajo, contemplando la corriente del río. Los acontecimientos fluyen hacia uno y vuelven a alejarse; el individuo los siente y los experimenta, pero el ser interior permanece intacto. El ascendente representa ese puente bajo o punto de encuentro entre el ser interior y los acontecimientos de la vida que experimentará.

    Si permitimos que nuestro ser interior experimente la vida abiertamente a través de todas las casas de la carta, como, por desgracia, hace la mayoría de la gente, podemos perder de vista la «corriente» que puede centrar y dirigir nuestras experiencias en el marco de referencia que por naturaleza entendemos. Incluso el río tiene orilla. Un río tiene tamaño, anchura, forma y dirección. Si no existiera la orilla, el agua fluiría por todas partes. Si experimentamos la vida a través de las distintas casas de nuestra carta sin asociarla de nuevo al ascendente, es como observar un río cambiar de forma y dirección sin saber siquiera por qué estamos contemplándolo. Si se asocia la experiencia de cada casa de nuevo al ascendente, puede mantenerse una comprensión centrada entre el ser interior y las experiencias externas. Y es ello lo que nos da una sensación de control sobre nuestras vidas.

    El ascendente es nuestro centro de conciencia. Magnetiza y guía el resto de la carta hasta aquellas experiencias a través de las cuales el ser interno y el entorno pueden comunicarse. Si un individuo utiliza su ascendente de forma correcta, se sentirá cercano a las experiencias de la vida que se asemejen a las cualidades de su ascendente. Al mismo tiempo, será capaz de distanciarse de todas aquellas experiencias del entorno que no se relacionen directamente con su ascendente. De este modo, el ascendente magnetiza la conciencia, fijándola en puntos del espacio y del tiempo, a fin de que pueda establecer contacto con todas sus necesida des de asimilar cosas del (y dar al) universo sin experimentar demasiadas interferencias en forma de vibraciones, acontecimientos o circunstancias que se hallan fuera de su camino. A una persona con ascendente Géminis le resulta fácil estar en armonía con la cualidad actual de los periódicos, las revistas, la radio o la televisión, porque este ascendente encierra la cualidad de los medios de comunicación. Al mismo tiempo, una persona con ascendente Aries estará en armonía con las vibraciones de la conciencia que guardan relación con la actividad personal y el enfrentamiento valeroso a los desafíos que plantea la vida. Existen muchas cualidades diferentes de vibraciones y experiencias en el mundo exterior. Cada ascendente centra su armonía selectivamente en aquellas experiencias que se le parecen más. A causa de ello, cada ascendente posee una percepción distinta de la vida. Y sin tener en cuenta lo que haya en el resto de su carta, el individuo experimentará su relación con la vida a través de las percepciones centradas de su ascendente.

    De este modo, el ascendente gobierna el resto de la carta. Si una persona emplea su ascendente de la forma correcta, le resultará fácil estar en armonía tanto consigo mismo como con su entorno.
    Para comprender esto, debemos comprender el verdadero significado del ascendente. Representa el signo que aparece en el horizonte cuando sale el sol. Si un individuo contempla la salidad del sol durante unos minutos, no le será difícil percibir la cualidad del día que traerá consigo. El amanecer simboliza la esperanza, el optimismo y el nacimiento de lo que será. El signo que se eleva hacia el ascendente a la salida del sol (el signo ascendente) es la lente a través de la cual las personas ven la salida del sol. Así pues, colorea las expectativas del individuo para el día siempre favorecedor.

    El sol sale cada mañana y aparece en distintos signos ascendentes. Pero, desde un punto de vista individual, cada persona lleva su propio signo ascendente durante toda la vida. Sus esperanzas acerca de lo que le resultará favorecedor en su futuro particular se filtran siempre a través del mismo ascendente. Si todos utilizamos nuestro ascendente de forma correcta, permitiendo que centre la carta en el punto de conciencia del mundo que más en consonancia esté con el ascendente, y regulando la entrada y salida de la corriente de información y experiencias que atraviesan el ascendente, entonces podremos aspirar a alcanzar muchas de las cosas que esperamos de nosotros. Sin embargo, ¿cómo podemos regular la entrada y salida de experiencias, teniendo en cuenta nuestra relación con el mundo externo, sobre el cual, al parecer, no ejercemos control alguno? Es cierto que el mundo seguirá su curso de hechos cambiantes sin tomar en consideración nuestros deseos. No obstante, no todos los acontecimientos del mundo son para nosotros. A menudo, cuando nos sentimos inseguros en nuestro entorno, tendemos a asimilar más factores externos de los que necesitamos. Por el contrario, cuando nos sentimos seguros, tan sólo recibimos aquello que necesitamos para nuestro rendimiento.

    Los individuos inseguros tienden a alargar las manos en todas direcciones, buscando «asideros» o «barandillas» en la vida a los que aferrarse. Estas personas suelen considerar casi todos los factores externos como algo que les permite adquirir mayor seguridad que aquello que perciben en su ser interior. Ven el mundo exterior como un ente pleno, mientras que el mundo interior es para ellos algo vacío.

    Así pues, tienden a asimilar como un imán todo aquello que pueda proporcionarles más seguridad dentro de sí mismos. En consecuencia, absorben indiscriminadamente más cosas de las que su ser interno es capaz de asimilar. La consiguiente falta de comprensión no hace sino perpetuar la inseguridad original que experimentan.

    En cambio, las personas seguras saben absorber selectivamente lo que necesitan para su rendimiento creativo.
    La cuestión de la seguridad o la inseguridad, que a menudo intentamos resolver prestando gran atención a los complejos psicológicos, es en realidad una cuestión de en qué medida sabe utilizar el individuo su ascendente como filtro. Si una persona permanece dentro del ascendente, anclado al ser interior, nada de lo que perciba del mundo exterior debilitará las raíces de su estabilidad. Por el contrario, si el individuo intenta percibirse a sí mismo desde fuera del ascendente, observándose a través de los ojos de los demás, lo que está haciendo es construir su vida sobre una falsa sensación de seguridad. En tal caso, tenderá a emitir juicios sobre el modo en que su carta debería funcionar, en relación con lo que ha creado en el mundo exterior. Por lo tanto, llevará un modo de vida caracterizado por el hecho de «estar en el exterior mirando hacia el interior». El entorno se convierte en el centro que el ser interior intenta complacer constantemente.

    Puesto que el entorno no deja de cambiar, el centro del círculo que el ser interior mueve sin cesar también cambia. Bajo tales circunstancias, resulta imposible crear un marco de referencia, ya que el punto de conciencia del individuo cambia continuamente. Aun cuando el ser interior pudiera satisfacer las exigencias inquietas y volubles que identifica como el entorno, no podrá experimentar la satisfacción de ninguna forma.

    La plenitud en cualquier área de la vida debe proceder de la fuente. El universo se autosatisface impersonalmente, mientras que los individuos pueden alcanzar la plenitud de un modo personal. Pero un individuo no puede satisfacer personalmente el universo, ni éste puede satisfacer impersonalmente al individuo.

    La persona emplea el ascendente de un modo saludable cuando comprende que el universo tiene mucho que ofrecer a aquellos que permanecen en su centro. Y desde este mismo centro, el individuo también tiene mucho que ofrecer al universo. Lo más importante es comprender que el punto de conciencia de cada persona debe poseer un marco de referencia individual si se pretende que tenga algún significado.

    A fin de utilizar el ascendente de forma correcta, uno debe saber que percibirse a sí mismo de acuerdo con las expectativas del mundo equivale a identificarse con el universo impersonal y cambiante, al que no le importa si un individuo en particular lleva una vida plena o no. Sin embargo, percibir el lugar de uno en el universo desde la perspectiva personal del ascendente ya es otra historia. Consideremos el modo en que estas dos perspectivas provocan que el ascendente funcione de formas diferentes.

    En el primer caso, la persona vive fuera de sí misma, ya que se identifica con el universo impersonal. La conciencia universal gobierna la asimilación y el empleo de energía (a través del ascendente). Toda la carta vibra al son de las exigencias del mundo externo, en lugar de hacerlo de acuerdo con un sentido personal del ser. La asimilación y el rendimiento a menudo parecen hallarse fuera del control personal, por lo que la vida se convierte en una serie de experiencias que vienen dictadas impersonalmente por los caprichos volubles de la conciencia externa.

    En el segundo caso, el individuo se ve personalmente como uno de los numerosos actores que contribuyen a la conciencia universal. La corriente de entrada y salida (a través del ascendente) se convierte más o menos en una cuestión selectiva de control individual. Así pues, uno es o bien una gota en el océano, arrastrado de un lado a otro por la corriente impersonal cambiante, o, por el contrario, puede contemplar el océano, pescar en él, remar en él, extraer agua, conciencia o inspiración, y, en definitiva, aprender a expresar su esencia de un modo selectivo. En el primer caso, el individuo vive sin poder controlar su vida. Atravesará tiempos difíciles que a la larga pueden convencerle de que el universo está poniendo a prueba su capacidad para sobrevivir. En el segundo caso, el individuo puede sentir de un modo determinado y significativo la esencia de su ser interior, gracias a las partes de la conciencia universal con las que está más en consonancia. Así pues, si se utiliza el ascendente de la forma correcta, éste puede ser el centro de conciencia desde el que el individuo puede averiguar cuál es su papel creativo en el escenario en constante cambio que le rodea.

    El ascendente desempeña un papel preponderante en el modo en que cumplimos nuestro destino kármico. Algunos individuos cumplen buena parte de su karma más pesado durante la juventud, mientras que otros tienden a arrastrar las cargas de su karma hasta una edad mucho más avanzada. Superar los efectos negativos de las causas de vidas pasadas, así como aprender a transformar los modelos en formas de expresión más positivas y productivas, se convierte en una cuestión de aprender a centrarse en las condiciones que precisamos para ser cambiados.

    Los individuos que nunca aprenden a centrarse no tienen muchas posibilidades de aliviar sus cargas kármicas. Por el contrario, si una persona utiliza su ascen¬dente de forma correcta, éste se convertirá en la puerta a través de la que las nuevas experiencias nos ayudarán a vivir de acuerdo con las energías de nuestra carta, en lugar de situarnos en el exterior y mirar hacia el interior. Desde un punto de vista kármico, los individuos que intentan complacer a un mundo impersonal identificándose con él, que intentan hacer que las energías de su carta (que son kármicamente individuales) encajen en el todo colectivo, pueden hallar una paz momentánea. Pero a largo plazo, estas personas descubrirán que no han hecho casi nada para desarrollar su karma individual.

    El todo colectivo siempre cambia, mientras que nuestro ascendente es el mismo durante toda la vida. Es importante que nos adaptemos a las condiciones cambiantes del mundo exterior, pero aún lo es más que nos identifiquemos selectivamente con las condiciones que afecten de forma directa la evolución de nuestro karma. En tal caso, el ascendente se convertirá en la puerta a través de la que recibiremos y expresaremos selectivamente aquello para lo que nuestro ser está preparado.

    Fuente: Martin Schulman
    La puerta karmica de la astrologia

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    Karma

    El concepto de karma como razón de la reencarnación de las almas da a la astrología los fascinantes matices del significado esencial de la vida. Estamos aquí para aprender lecciones. Vivimos distintas experiencias a fin de llegar a comprender lo que a la larga nos hará evolucionar. Sin experiencia no hay desarrollo. Y nuestras experiencias se enfocan a través del punto de conciencia que percibimos gracias al ascendente. De este modo, aprendemos a reconocer el lugar que ocupamos en el mundo mediante todo aquello que debe filtrarse a través de la personalidad.

    En ocasiones, nos cuesta sobremanera aprender determinadas lecciones. En realidad, es posible que nos encontremos viviendo experiencias parecidas durante años, antes de poder remitirnos a lo que hemos asimilado del entorno exterior. Cada vez que aprendemos una lección kármica, la vida se torna más sencilla, porque ya no tenemos que cargar con el peso de la información, las emociones o las actitudes que forman parte de dicha lección. Por ello, no sólo estamos ansiosos por aprender qué es nuestro karma, sino que también deseamos hallar modos que nos sirvan para aprender de una forma eficaz las lecciones que nuestra alma quiere que comprendamos. Una de las razones por las que a tantas personas les cuesta cumplir las obligaciones kármicas es que, en realidad, existen dos tipos de karma.

    Por un lado, tenemos el karma personal. Se compone de errores o de malinterpretaciones en el pensamiento, los sentimientos o las acciones de vidas pasadas, que el alma ha sacado a la superficie para que puedan ser
    corregidos en esta vida. Al igual que hubo errores y malas interpretaciones en nuestras vidas pasadas, las acciones que realicemos en la presente vida también nos afectarán. En ambos casos, esto se refiere al karma personal. Existe otro tipo de karma al que Cari Jung, el renombrado psicólogo, se refería al decir que «el karma se recrea impersonalmente». En este caso, Jung aludía a las acciones impersonales de un universo impersonal. Lo que consideramos como «actos de Dios», tales como las condiciones metereológicas inusuales, hechos extraños o incluso la acción impersonal de los planetas, opera de acuerdo con las leyes de causa y efecto que denominamos karma. En este sentido, el karma no es personal, aun cuando las personas puedan verse afectadas impersonalmente por él. Así pues, observamos que la vida se compone en parte de las experiencias individuales que vivimos al caminar por el sendero que nos conduce a la evolución personal, y en parte, de las experiencias impersonales que contemplamos cuando evoluciona el universo.

    Las modas pasajeras constituyen un excelente ejemplo del karma impersonal. Tan sólo son personales para las personas que las inician, o para aquellos que tal vez obtienen beneficios de la ola expansiva que se crea. El resto de las personas seducidas por las modas que cambian de año en año o de década en década se dejan influir por segmentos del karma impersonal que existe en el mundo.

    A algunas personas les afecta en gran medida lo que los demás piensan de ellos. Estas personas intentan plasmarse a sí mismos obteniendo la aprobación de los demás. Como es lógico, ello invierte el centro de conciencia, ya que el individuo en cuestión sitúa el centro de su ser en los demás. Su personalidad se convierte en el resultado de las influencias externas. En ese caso, re¬sulta fácil comprender que algunas personas puedan tropezar con dificultades de identidad, de ego, o en cuanto a la relación que mantienen consigo mismas. Y más importante aún es el efecto que dichas identificaciones tienen sobre la capacidad de manejar el karma.

    Si la personalidad se centra en las condiciones externas del entorno, entonces corre el peligro de identificarse con el karma impersonal. En tal caso, el individuo asimila mucho de lo que le dicta la conciencia externa. Su ser interior se ve influido no sólo por las modas pasajeras del mundo exterior, sino también por las costumbres y tradiciones cambiantes en un mundo en constante transformación. Cuando se pone de moda una determinada forma de vestir, se siente obligado a perpetuar la tendencia, y así sucesivamente. Sin ser consciente de ello, puede implicarse personalmente o defender a ultranza las variables de la conciencia universal que no hacen más que apartarle de su karma personal. De ser así. puede llevar un modo de vida que no consista en nada más que en «mantenerse a la altura del vecino», o tal vez realice grandes esfuerzos para competir contra factores que no son personalmente competitivos. Si emplea su ascendente de este modo, le resultará casi imposible saber siquiera qué es su karma, y, por supuesto, no sentirá el impulso de regirse por él. Y si pensamos en la cantidad de individuos que viven sus vidas «al revés», nos resultará fácil comprender la razón por la que la evolución de la especie avanza con una lentitud tan increíble.

    Sin embargo, si el centro de conciencia se halla en el lugar correcto, a la personalidad no le costará ver la definición de Jung del karma impersonal como un escenario sobre el que se representa la obra del karma personal. El ascendente puede impedirnos participar en el karma que no necesitamos experimentar, y puede asimismo conducirnos a pensamientos, acciones o percepciones específicos, los cuales nos ayudarán a vivir nuestro karma personal.

    Cada ser humano posee una personalidad y un alma. En ocasiones, el alma da la impresión de estar durmiendo, porque todavía no ha despertado a su propósito espiritual.

    En tales casos, la personalidad funciona de un modo carente de sentido, como un corcho flotando sobre la corriente acuosa de las emociones diarias. Pero si el alma ya ha despertado, la vida será muy distinta. Todo lo que experimenta la personalidad reflejará la representación simbólica de significados más importantes, una percepción superior y un profundo sentido de realización personal dentro de un conjunto impersonal.

    ¿Qué es lo que despierta al alma? Los nodos lunares simbolizan las lecciones individuales que hay que aprender para que el alma evolucione.* De hecho, representan el contacto que mantiene el alma de una persona con el plan de Dios.

    De este modo, la dirección lineal (u oposición) entre el nodo sur y el nodo norte se convierte – un camino directo de progreso desde el pasado, a través del presente y hacia las posibilidades del futuro. Una cosa es conocer las lecciones que uno ha de aprender en la vida, y otra, ser capaz de contactar con ellas. Como expresión de los deseos de Dios, la humanidad es un concepto etéreo, y como tal, a las personas en ocasiones les resulta difícil captar su verdadero significado.

    Aún así, la posibilidad de la evolución personal, del perfeccionamiento y, por último, del florecimiento del propio ser es lo que fascina a nuestra sensibilidad lo suficiente como para que se convierta en el impulso de la evolución humana a escala universal. Sin embargo, si consideramos al individuo, veremos que debe existir un punto de contacto entre las elevadas aspiraciones de la conciencia y la capacidad de funcionar en el mundo exterior. Los nodos tienen que disponer de un vehículo, a fin de que el individuo pueda experimentar y mostrar en la tierra las lecciones del alma.

    El resto de la carta les proporciona dicho vehículo. Las distintas posiciones planetarias, así como los aspectos entre ellas, muestran el potencial de un individuo En realidad, son su anteproyecto de vida. Los aspectos planetarios de la carta contribuyen a situar a un individúo en el espacio. Los vectores y las cualidades de esos aspectos actúan como marco de referencia, a fin de que pueda comprender la calidad y la cantidad de su potencial. Los nodos le ponen en contacto con la cualidad trascendental del tiempo eterno.

    La carta debe funcionar en el contexto de lo que dicen los nodos. El potencial de un individuo es dirigido tan sólo a lo largo del camino que permita a su alma evolucionar de un modo óptimo. Si no se considera la carta desde este punto vista, el potencial humano no dispondrá de un marco referencia en el que manifestarse. En tal caso, el potencial de una persona podría desbordarse hasta áreas que o bien carecen de significado para el ser interior, o bien no fomentan prácticamente la evolución de la humanidad. De ser así, la carta se convertiría en un mero contenedor a través del que fluyen las necesidades del alma.

    Se podría denominar la relación entre los nodos y la carta el potencial dormido que es guiado a lo largo de un
    camino específico. Pero todavía nos falta un vínculo. Es posible que un individuo conozca las lecciones que debe aprender mediante los nodos, e incluso que esté en contacto con el potencial de que dispone para llegar a dominar dichas lecciones, a través de las energías y posiciones planetarias de la carta, pero, aún así, necesita establecer un contacto significativo con el entorno externo a través de su personalidad si quiere que estas lecciones formen parte de su relación con el mundo en que vive. Es el ascendente el que crea este tercer vínculo. Gracias al ascendente, el individuo puede expresar la dirección de su alma (los nodos lunares) con el potencial de que dispone (posiciones y aspectos planetarios de la carta) a un nivel en que le será posible relacionarse personalmente con la experiencia cotidiana de vivir. El ascendente se convierte en la puerta a través de la cual se manifiesta todo lo que es el individuo, así como todo aquello a lo que aspira.

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    El ascendente :cancer

    El ascendente Cáncer posee capacidad de afecto y calor, así como la esencia de sentir un hogar para el yo. Este ascendente de características muy especiales regido por la luna (la cual está vinculada directamente el alma), posee la capacidad de expresar toda la carta a través del alma. Es usted muy sensible a los valores de la lealtad, la devoción y la cualidad protectora que sostiene los sentimientos valiosos. A fin de comprender y usar este ascendente, debe ser consciente de la diferencia que existe entre sentimiento y emoción. El sentimiento posee una cualidad permanente que sobrevive a los cambios que registran las emociones. La capacidad de cuidar de cosas, velar por las personas o el mundo en general, es un sentimiento que emana de la cualidad del alma. Las emociones diarias que experimenta proceden de las reacciones cambiantes que tiene ante su entorno. Los sentimientos dependen menos del entorno, y gracias a su continuidad, le permiten conservar el sentido de una identidad estabilizada. La cualidad emocional de este ascendente tan sólo se pone de manifiesto cuando se identifica usted con el karma externo.

    El mundo cambia constantemente; sus estados de ánimo son más variables que las condiciones meteorológicas. Si tiene ascendente Cáncer e intenta encontrarse a sí mismo a través de los demás, se volverá más susceptible de asimilar emociones negativas. Su instinto le dicta dar calor, tranquilizar, calmar y cuidar de los demás. Si se identifica incosncientemente con el karma impersonal, estas cualidades siempre se activan en lo que usted cree que es su intento por sentirse seguro. Por lo tanto, es posible que se sienta huraño e intente concentrarse en el recuerdo de emociones pasadas y positivas, a fin de calmar la emoción que está experimentando. Sin embargo, no se da cuenta de que, en realidad, esa emoción jamás le ha pertenecido.

    El signo Cáncer posee una gran capacidad de recabar y retener, lo que lo convierte en un auténtico imán a la hora de asimilar factores del entorno. El ambiente lo impregna. Puesto que estas experiencias o sentimientos proceden de distintos centros impersonales de la conciencia externa, no se siente usted más seguro a través de ellos. La intuición puede resultar más beneficiosa para los demás que para usted si se permite simpatizar con cada una de las quejas de la conciencia externa.

    No puede velar por todo el mundo (en realidad, por nadie) hasta que haya encontrado el hogar dentro del yo. Identificarse con las influencias externas puede hacerle aferrarse a la apariencia de seguridad en los demás. Experimentará una y otra vez desilusión, decepción y desencanto cuando el mundo cambiante cree y recree impersonalmente su karma.

    Este ascendente posee una cualidad íntima y personal, y le cuesta mostrarse reservado con la gente. En consecuencia, es posible que malinterprete los pequeño desaires o la falta de afecto que puede observar en el entorno impersonal como un rechazo personal. Y puesto que se halla en el exterior, mirando hacia el interior, es fácil que utilice la imaginación de forma negativa vuelva esta sensación de rechazo personal contra sí mismo.

    En tales casos, puede llegar a imaginar que el mundo, demasiado grande y ocupado como para ser conciente de lo mucho que su personalidad desea formar parte de él, no se percata de sus necesidades.

    Con frecuencia da a los demás mucho más de lo que imagina. Eso se debe a que los individuos que reciben sus regalos avanzan en la vida, mientras que usted sigue arraigado en el pasado. Su apego a los recuerdos pasados se debe en buena parte a que se identifica conciencia externa. Si actúa de una forma autónoma puede avanzar por la vida a su propio paso. Pero si intenta extraer su centro del karma externo, el tropel de pensamientos y emociones que cambian con mucha lentitud pueden mantenerle estancado en su concepción acerca de cómo era el mundo y no permitirle reconocer cuál es la relación que mantiene con él ahora.

    En principio, esto parece una paradoja, ya que el karma impersonal cambia constantemente. Pero dentro de los propios cambios, el grueso del karma del mundo apenas si cambia. Y el ascendente Cáncer puede verse atraído hacia esta esencia más amplia de la decadencia si intenta usted conservar antiguos sentimientos de seguridad, al tiempo que vive fuera de sí mismo.

    Es posible que experimente nuevos inicios emocionales, nuevos comienzos, pero tal vez jamás alcance la sensación de seguridad emocional que persigue. Consagra lealtad y devoción a ideas y personas que siempre parecen rebasarle. Y mientras intenta retener su sentido de familia mundial a través de la unión que le hace sentirse cómodo, su receptividad psíquica se ve apartada una y otra vez del punto central que está intentando crear.

    Uno de los mayores placeres de la vida consiste en dar, cuidar o experimentar el nacimiento, el crecimiento y el florecimiento de lo que se ha dado. Cuando su identidad está arraigada en la conciencia externa, es incapaz de experimentar estos sentimientos. En lugar de ello, su modo de vida es consecuencia de un tumulto de emociones impersonales que le arrebatan los cimientos una y otra vez. Cuanto más intenta ganar seguridad, en mayor medida asimila y retiene las emociones insignificantes, las cuales, puesto que carecen de centro dentro de su ser (y proceden de todo aquello que no forma personalmente parte de su vida), le disipan y le arrastran en distintas direcciones. Así pues, experimenta numerosas emociones que no le causan más que una gran frustración.

    En tal situación, su capacidad natural de retener objetos, experiencias y personas se vuelve en su contra. Asume cargas, y aunque intenta hacer acopio suficiente de fuerzas como para llevarlas, sigue reabsorbiendo un exceso de emociones que a la larga se convertirán en más cargas. Así pues, se halla inmerso en un círculo vicioso, aferrándose a cualquier cosa que tenga aspecto de seguridad emocional. Puede apegarse al dinero y a las personas si cree que pueden protegerle y satisfacer sus necesidades. Y cuando lo hace, inconscientemente está ofreciendo a cambio dependencia emocional.

    Puede apegarse al dinero y a las personas si cree que pueden protegerle y satisfacer sus necesidades. Y cuando lo hace, inconscientemente está ofreciendo a cambio dependencia emocional.

    La mayor parte del karma es consecuencia de los rceuerdos emocionales. Y puesto que Cáncer es tan vulnerable y susceptible a los recuerdos emocionales del entorno, es posible que asimile el karma de otras personas sin siquiera darse cuenta. Si intenta encontrar su seguridad personal en un hogar fuera del yo, tiende a crear y recrear los problemas de los demás en su propia esfera.

    Si mantiene su identidad dentro del ascendente Cáncer, su perspectiva ante la vida será completamente distinta. Lo percibirá todo a través de los sentimientos, no de las emociones. Todo lo que está dentro debe filtrarse a través de la capacidad de percibirse intuitiva e instintivamente a sí mismo antes de expresar emociones. Podrá experimentar la plenitud dentro de sí mismo en lugar de intentar extraerla de los demás. Se sentirá cómodo dentro de sí mismo y de la protección de saberse guiado por los sentimientos vinculados a su alma. En lugar de ser sensible a las emociones negativas del karma externo, podrá emplear la sensibilidad para mantenerse en armonía con los modelos cambiantes de la naturaleza. Comprenderá el flujo diario y estacional de las corrientes naturales; sabrá cómo alimentarse de la belleza y armonía características de la naturaleza. Incluso entenderá por instinto qué alimentos favorecen el ritmo natural de su alma.

    El ascendente Cáncer posee una bendición muy especial, ya que representa el milagro del nacimiento. Y ya se trate del nacimiento físico o de una idea, es, en cualquier caso, la fuente incipiente del sentimiento. Todo lo que se halla dentro de su alma puede ponerse de manifiesto si se identifica usted con sus verdaderos sentimientos. De este modo, su naturaleza divina, a la que no afectarán los estímulos externos, podrá fluir por su ser en todo aquello que haga. A veces algo infantil y otras demasiado protector, es usted la auténtica savia del árbol, que ofrece su alimento a todas las ramas que de ella dependen.

    Si se vuelve en contra de sus verdaderos sentimientos, se tornará susceptible al ataque de innumerables emociones desalentadoras procedentes del karma impersonal. Pero si permanece junto a sus auténticos sentimientos, descubrirá que está en contacto con las experiencias más cálidas y gratificantes que ofrece la vida.

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    Fuente:
    Martin Schulman
    El Ascendente
    La puerta karmica de la astrologia

    #5643
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    Maria Carla
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    HOLA LUA, GRACIAS POR HABLAR DE LA ASTROLOGIA KARMICA. UNA PREGUNTAS SOBRE PLUTON EN ESCORPIO RETROGRADO EN CASA 10 , JUPITER EN ACUARIO EN CASA 1, SATURNO EN ESCORPIO EN CASA 11 COMO SE INTERPRETAN EN LA ASTROLOGIA BESOS, MUY INTERESANTE, LO QUE DICE SHUMMAN, MARTIN.

    #5644
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    Lua
    Participante

    El ascendente :aries

    El ascendente Aries representa un punto único de consciencia. Le brinda la oportunidad de enfocar el potencial de la carta a través de una identidad singular. No es difícil que las opiniones y actitudes de los demás constituyan algo secundario para la singularidad de su mente.

    Si tiene usted este ascendente y se identifica con el karma impersonal, lo más natural es que el empuje del ascendente Aries funcione a la inversa. Es posible que intente impresionarse a sí mismo en lugar de expresar todo lo que puede emanar el alma. También es posible que experimente una gran frustración, ya que no puede mantenerse a la altura de un mundo que no cesa de hacerle sentirse desplazado. Así pues, desarolla usted un gran espíritu competitivo. Ningún logro llegará jamás a satisfacerlo por completo, porque las verdaderas necesidades de su ser interior no se están manifestando.

    Nunca abandonará el deseo de ser el primero en un mundo que constantemente ofrece nuevos comienzos. No es difícil que se apodere de usted una profunda senación de fracaso por dejar pasar los millares de oportunidades que brinda el entorno. Tal vez luche toda la vida por alcanzar la tranquilidad de espíritu, sin hallarla. Intenta ponerse a la cabeza, alcanzar una meta que lo catapulte hacia una plataforma en la que pueda descansar.

    Cuanto más lo intenta, mayor poder confiere a la conciencia impersonal que usted confunde con su fuente. Como consecuencia, tiene la sensación de competir coo todo el mundo, y nunca se da realmente cuenta de que está compitiendo con su propia identidad disipada.

    Desde este punto de referencia, es posible que se aburra con facilidad y se vea obligado a cambiar continúamente su fuente de estímulo externo. No puede terminar todo lo que empieza, pues la energía que contiene su carta tal vez no sea capaz de manejar el amplio abanico de oportunidades que impulsa su identidad impersonal.

    Este ascendente tropieza con una dificultad particular cuando se identifica tan sólo con el karma externo, ya que Aries posee una cualidad muy personal. Experimentará una gran frustración si no es capaz de personalizar todo aquello con lo que se identifica. Tal vez alcance muchos objetivos, pero es muy posible que tenga la sensación de que ni siquiera ha avanzado un paso hacia ellos. Los filtros de la personalidad en este ascendente vienen regidos dos por Marte.

    La velocidad del pensamiento, los sentimientos y la actividad revisten gran importancia a la hora de expresar el resto de la carta. Si se identifica con el karma impersonal, siente la necesidad de hacerse con todo antes que los demás. Debe cazar al vuelo las oportunidades antes de que se le escapen. Su personalidad puede desarrollar una cualidad egoísta que tiende a pepetuar un falso sentido del ego.

    Es posible que tarde muchos años en desplegar todo su potencial. Una flor puede morir si la obligamos a abrirse antes de que esté lista para florecer. Un niño no puede comprender el trabajo de un adulto. Si la personalidad se identifica por error con el karma externo, empujará a personas, objetos y experiencias hacia el ser interior con tal rapidez que estará usted en completa disarmonía consigo mismo.

    Es posible que intente extraer fuentes de su ser interior antes de que estén dispuestas, y que las experiencias de su vida no le llenen. Es posible que intente poner en marcha un proyecto tras otro, sin quedar jamás satisfecho.
    Puesto que Aries posee la cualidad de la velocidad, la identificación con el entorno puede introducir muchas cosas en su ser con gran rapidez y sin que usted se dé cuenta realmente. Por lo general, los filtros de personalidad de este ascendente masculino están acostumbrados a salir al exterior. Cuando intenta fijar en su ánimo factores externos, está provocando una batalla en la puerta del ascendente, una lucha que crea un estilo de vida insatisfecho.

    Puede usted ser beligerante a poco que se le provoque, ya que siempre está preparado para entablar una lucha consigo mismo. Cuando conversa con otras personas, es posible que intente mostrarse brusco o llegar al fondo de la cuestión con demasiada rapidez y de un modo demasiado cortante. Puesto que utiliza a los demás como centro, tendrá dificultades a la hora de hallar la plenitud.

    Sin darse cuenta, puede herir los sentimientos de las personas cuyo amor necesita, ya que su instinto básico le dicta hacer frente a todos los desafíos. Se abalanza sobre los demás, en lugar de permitirse penetrar suavemente en su espacio psíquico, ya que quiere dominar. Le cuesta aceptar consejos.

    La envidia, la codicia o los celos pueden conducirle con gran facilidad a llevar una vida fuera de sí mismo. Cuando ello sucede, las cualidades primitivas de Aries empiezan a apoderarse del nodo sur. En consecuencia, salta instintivamente, antes de mirar, y confiere nueva fuerza a lecciones pasadas que tal vez haya llegado a dominar.

    A medida que transcurren los años, se torna más juvenil, pero también puede convertirse en una persona más irresponsable e infantil. El potencial de la carta natal se empieza a utilizar para abordar una y otra vez el mismo empezar. Es posible que experimente la aparición del crecimiento, el empezar y el inicio, aunque, en realidad, lo que está haciendo es utilizar su personalidad para empujar el potencial de su ser interior de nuevo hacia el pasado.

    La vida cobra mayor sentido si emplea el espíritu de Aries como el filtro a través del cual el nodo norte puede regir el resto de la carta. De este modo, se hallará usted en el lado interno de las puertas del ascendente y podrá enfocar toda la carta desde un marco de referencia singular. En lugar de competir con el mundo, intentará hacer todo lo posible, pero mejor.

    Si la longitud de su brazo supera la fuerza de su mano, tan sólo es porque la energía de Aries en el karma impersonal siempre excede la energía de Aries en la carta natal. Percibe los desafíos que le plantea el entorno, pero tan sólo acepta los que le propone su propio ser. En lugar de luchar contra sí mismo, intentará nuevos comienzos al utilizar su potencial. Es posible que se adelante a su tiempo en muchos años, pero si permanece en el interior de su ascendente, eso no le molestará. Tan sólo si se compara con los demás podrá experimentar la soledad que supone hallarse en un punto de consciencia al que nadie más ha llegado todavía.

    La singularidad del ser es lo que le mantiene junto a la fuente. Si su personalidad puede identificarse con esta idea, la carta trabajará para alcanzar un único objetivo. Por supuesto, el objetivo puede cambiar cuando se aprenden algunas lecciones de los nodos o se sustituyen por otras. No se verá dispersado por experiencias que se hallen en disarmonía con el alma.

    La lección que el ascendente Aries termina por aprender consiste en que lo importante no es lo que los demás piensan de él, sino lo que en esencia piensa de sí mismo. Más importante aún es la cualidad de ser uno mismo en lugar de pensar en lo que uno debería ser. Puede zambullirse en nuevos comienzos durante años, sin por ello intentar jamás un reinicio sincero en el fondo de su ser.

    El nodo norte posee la cualidad del signo Virgo en su búsqueda de la perfección humana. Sea cual fuere el signo en el que se halle el nodo norte, siempre constituye la lucha idealista por alcanzar la divinidad superior del signo que perpetúa el optimismo del alma respecto al futuro. Cuando la esperanza de alcanzar una vida espiritual más enriquecedora rige la carta a través de un ascendente Aries, éste intenta descubrir la autoestima. No importa que usted exceda las expectativas de los demás, a menos que la posición de su nodo norte en concreto obligue a ello. En cambio, sí importa que considere su propio potencial y sepa con toda seguridad cómo utilizarlo. Tal vez posea un espíritu pionero, pero no porque desee impresionar a los demás.

    Su sentido de la autoexpresión propio y único procede de la capacidad de discernir la dualidad a fin de unirse al punto esencial de conciencia que simboliza la verdadera identidad.

    La lección espiritual de este ascendente consiste en no compararse jamás con las expectativas de los demás. Establezca y controle un punto propio. Una vez lo haya logrado, sólo tropezará con pensamientos, sentimientos y acciones negativos si hace mal uso de la energía del ascendente. El verdadero desafío consiste en permanecer en este punto y confiar en él. Aunque piense que se adelanta a sí mismo, debe confiar en que el nodo norte, así como el resto del potencial que emana de su ser interior, se halla detrás de usted, inquebrantable, protegiéndolo del fracaso o ayudándolo y guíandolo. No debe mirar atrás o dudará de la fuerza de sus cimientos. El ascendente Aries puede ser un poderoso punto central para todo aquello que busque expresarse desde el interior.

    El poder tan sólo es poderoso cuando se utiliza de forma apropiada. La fuerza tan sólo es fuerte si se la dirige del modo adecuado. Si consigue aprender el valor de la modestia, no provocará situaciones adversas que coloquen a los demás entre usted mismo y su ser interior. Puede regular la corriente de su ascendente de acuerdo con la cantidad de factores que necesite del entorno, y puede utilizarlo para alcanzar su potencial dentro de la carta.

    Cuando el espíritu de la personalidad de Aries debe responsabilizarse de sí mismo a la luz del alma, resulta fácil entender su necesidad de evitar las autocontradicciones si es que quiere madurar. Los filtros de personalidad de este ascendente le permiten no tener que rendir cuentas a nadie de sus pensamientos y acciones, pero a la hora de rendir cuentas consigo mismo debe mostrarse directo, sincero y honesto. Sólo así podrá sostenerse su identidad a través del contacto con el ego impersonal del mundo externo.

    :flower

    Fuente
    Martin Schulman
    El Ascendente

    #5645
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    Maria Carla
    Participante

    hola lua, gracias por poner el asc en aries, mi mama es geminiana y tiene asc en aries, asi lo voy a leer detenidamente para aprenderlo bien, me interesa mucho, ya que la astrologia karmica me interesa mucho , al igual que la astrologa medieval. Besos, cuidate mucho

    #5646
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    juliviajera
    Participante

    gracias lua! :up

    :kiss

    #5647
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    Lua
    Participante

    El ascendente :leo

    El ascendente Leo encierra el principio creativo de la vida. Tiene usted tanto la voluntad como el poder necesarios para expresar la radiante belleza que siente en su interior. Sabe cómo aprovechar al máximo todas las grandes oportunidades, a fin de que su ser interior pueda expandirse por el ámbito soleado de su personalidad. Alberga más esperanza y optimismo que cualquier otro ascendente del zodíaco. Y como consecuencia de estas dos cualidades, es usted capaz de alcanzar cualquier meta que se proponga.

    En ocasiones, la fuerza de este ascendente resulta abrumadora. Y en lugar de permanecer dentro de sí mismo, intenta alcanzar más de lo que emana del ser interior y empieza a identificarse con el karma impersonal. En tal caso, se siente atraído por lo resplandeciente, lo hechizante y la locura de las circunstancias o acontecimientos teatrales y melodramáticos, que pueden terminar por dirigir su vida.

    El ego de Leo es muy poderoso. Y cuando se identifica con el ego impersonal del mundo exterior, tiende a multiplicarse y a escapar de su control. Como consecuencia de ello, este ascendente puede perderse fácilmente en todo aquello que ensalce el propio engrandecimiento. Por desgracia, cuando hace esto, no es usted quien está siendo ensalzado, ni mucho menos, sino los pensamientos, sentimientos y acciones impersonales que llama usted su identidad. Así pues, por grande que sea el éxito económico que obtenga, o por magnánimo, generoso y expansivo que sea, siempre tendrá en su fuero interno la sensación de que le falta algo.

    En su caso, más que en el de los demás ascendentes, es de suma importancia que permanezca dentro del yo. El Sol simboliza el centro de las cosas, y para que resulte eficaz, su poder debe partir del centro de un círculo en dirección a la periferia. Si se identifica con el karma impersonal del entorno, ello es imposible. En lugar de hallarse en el centro del círculo, intenta situarse en el centro del círculo de los demás, y ser para ellos lo que en realidad debería ser para sí mismo. En consecuencia, se aparta de su camino a fin de atraer la atención. Intenta captar admiración y representar para los demás todo aquello que deberían estar haciendo con sus vidas.

    Pero, al tiempo que cambia el karma impersonal del entorno, cambian también los ejemplos que da a los demás; por lo tanto, su punto de conciencia se transforma constantemente, a fin de impedir que se fragmente el ego perdido.

    El ascendente Leo puede concentrarse en la riqueza, la fama, la notoriedad y el elogio de aquellos de los que se rodea a causa de sus rasgos inferiores. Pero se trata de algo transitorio y no brinda a este ascendente la oportunidad de florecer.

    Puede forjarse muchas ilusiones sobre el yo y el mundo, porque al vivir fuera de sí mismo se convierte en una lente de aumento para las ilusiones del ego que existen en el karma impersonal. El exceso se convierte en un modo de vida corriente, y el orgullo, en el carruaje de esplendor en el que viaja. Cualquier reproche que le hagan no servirá más que para espolearlo en lo que termina por convertirse en una lucha por el poder. Ofrece consejos con toda libertad y generosidad, ya que ello le da una falsa sensación de control. Haría cosas para demostrar a los demás lo poco que hacen por sí mismos.

    En esencia, puede convertirse en la personificación de todo aquello que los demás desean. Y a fin de conservar dicha imagen, tiene usted que desarrollar también un fuerte complejo de mártir. Cuanto más pesada le resulte la carga de guiar a los demás, más fácil le resultará justificar sus acciones. En consecuencia, su personalidad se ve inmersa en una lucha en la que usted no sólo crea las acciones, sino también las reacciones de los demás.

    Una vez lo ha hecho, le resulta casi imposible mirar hacia su propio interior, ya que su luz es demasiado cegadora, su poder demasiado amplio, y su control demasiado estricto como para que el ser interior pueda responder positivamente a semejante fuerza.

    Así pues, debe seguir estimulando a los demás, en lugar de a sí mismo. Y cuanto más capaz se crea de acaparar su atención forjando espectaculares ilusiones, menor será su necesidad de vivir en el mundo real. Por lo tanto, concebirá un universo en el que usted es el único que controla las reglas que dominan a todo el mundo. El conocimiento y la comprensión quedan más allá de toda censura en este reino inconsciente en el que está usted separado y por encima de aquellos cuyo amor necesita.

    Tal vez termine por considerarse la fuente del brillo de los demás. Es usted su esperanza, su salvación y la única fuerza que puede arrancarlos de sus batallas mundanas. Cuanto más fomente esta imagen, con mayor ahínco tendrá que buscar estas cosas, estas personas o circunstancias en el entorno que la mantienen con vida. En lugar de mantenerse a sí mismo bajo control, cae en manos de su entorno.

    Le atraen los desafíos. Las promesas de obtener éxitos y alcanzar metas en distintos campos pueden apartarle de su objetivo. Y las necesidades dispares de otras personas pueden fácilmente mermar sus energías, ya que intentará demostrar todo aquello de lo que en realidad duda en su fuero interno.

    El principio creativo está iluminado por una bendición muy especial. Se trata del primer hexagrama del / Ching (el Libro de las mutaciones chino). Crear es imitar al creador de uno mismo. Se trata de la inspiración misma de la vida. Por lo tanto, todo lo que cree será el reflejo del modo en que interpreta el poder creativo de su dios. La creatividad asume pues una gran responsabilidad. Sea como fuere, su interpretación de la divinidad es que estamos en la Tierra con el propósito de expresar la creación.

    Cuando su ascendente Leo aprende a permanecer dentro del yo, lo creado no procede tan sólo del potencial de su ser interior, sino que también es guiado a lo largo del sendero del progreso de su alma. De ese modo, en lugar de obsesionarse con un poder que no sabe cómo utilizar, podrá usted despedir todo lo que está intentando expresarse desde el interior. Si se enfrenta a desafíos, no lo hará porque desee competir con otros, sino porque su carácter le dicta vencer todos los obstáculos que se le presenten. Ejercer control no significará controlar a los demás, sino el deseo de averiguar cómo dominar el ser interior. En lugar del orgullo y el ego perdido que suele provocar el orgullo, buscará una cualidad en la vida que no cause experiencias que constituyan una vergüenza para la concepción de Dios que emula.

    Así pues, si permanece en el interior del ascendente, estará en armonía con la grandeza y el poder de la creatividad que expresa el potencial de su alma. Y dentro de esta grandeza queda mucho lugar para la humildad y la modestia, puesto que no está usted compitiendo con los demás. Puede reconocer la seducción del ego del karma impersonal, pero comprender su objetivo creativo le controla y le mantiene a salvo dentro de los límites de su camino personal en la vida.

    Este ascendente, regido por el Sol, representa la quintaesencia de la personalidad iluminada. Cuando la personalidad permanece dentro del ascendente, las cualidades de la sinceridad, la lealtad y la decencia moral se convierten en los puntos centrales de la carta. En consecuencia, puede experimentar la bondad de la vida que permite creativamente que todo lo bueno sea expresa do. En lugar de vivir a través del falso orgullo, puede emplear un poderoso sentido del yo para evitar utilizar a los demás. Así pues, el ascendente Leo puede constituir un glorioso ejemplo de la grandeza de la humanidad en su momento más radiante.

    :flower
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    Martin Schulman
    El Ascendente

    #5648
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    Lua
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    El ascendente :tauro

    Si tiene ascendente Tauro, posee un potencial natural para disponer de excelentes fuentes. Su calor y su afecto naturales crearán una suave corriente entre su ser interior y el entorno. Puede sentirse fuerte y seguro sin ser quebradizo, y su gran afinidad con la naturaleza le permite alcanzar la armonía natural.

    Si fundamenta su identidad en el karma impersonal intentando emular a los demás, puede verse movido con facilidad por inquietudes envilecedoras. Puede preocuparse por el dinero hasta tal punto que éste llegue a ser un parámetro de valor personal. Tenderá a compararse económicamente con la abrumadora e impersonal riqueza del mundo. Es posible que se sienta desplazado. Este ascendente puede manifestar codicia sin tan siquiera darse cuenta de ello, porque cuando su ascendente Tauro se identifica con un mundo demasiado grande para él, puede llegar a sentirse inferior.

    El deseo de acumular propiedades a fin de sentirse seguro puede convertirse en una obsesión. Percibe cambios en el mundo e intenta consolidarse mediante objetos y circunstancias que no representen ningún cambio. Cuanto más desee la inmovilidad del mundo, más dependerá de los factores externos para alcanzar la paz interior. Puede usted ser muy sensible al entorno, pues se identifica personalmente con cualquier cosa que proporcione armonía o trastorno.

    Puesto que Venus rige Tauro, es usted capaz de asimilar mucho del entorno. Hasta cierto punto, puede usted asimilar de un modo permanente las cualidades duraderas del karma impersonal. Lo que se asimila tiende a permanecer ya sea útil o no. Por lo tanto, hallará usted difícil desprenderse de experiencias pasadas, de las cuales le gustaría librarse a medida que pasa el tiempo.

    Cuando la energía de Tauro se basa en la influencia externa, puede usted, dado su carácter suave, absorber los problemas de los demás sin ser consciente de ello. Al pensar que es posesivo respecto de sí mismo, se vuelve posesivo respecto a «trozos» de las necesidades de otras personas, que acaba por adoptar como propias. Por desgracia, es usted extremadamente sensible a los elementos del karma que posean una cualidad afianzadora.

    Así pues, cualquier cosa en la que se vea implicado puede llegar a atarlo. La necesidad posesiva de acaparar objetos y personas termina por poseerlo. Y dado que su carácter suave y pacífico no quiere trastornar el mundo externo (el cual ha absorbido), le cuesta sobremanera regenerarse, a causa del peso de las cargas que se han convertido en su identidad.

    La búsqueda del placer a través de la belleza, la música, el dinero o el sexo puede convertirse en el factor dominante de su modo de vida. A través de estas avenidas intenta asegurarse a sí mismo que es usted una persona de gran valor. Puede incluso llegar a imaginarse que posee la sustancia de los demás porque inconscientemente puede absorber la esencia de los logros de los demás y convencerse de que son suyos.

    Sin embargo, al hacerlo se torna perezoso a la hora de perpetuar sus propios recursos. Lo que empieza como la búsqueda de la seguridad puede convertirse en último término en una fijación inconsciente por la seguridad de los demás, que acaba por hacerlo sentirse tímido y carente de valor en un mundo que tiene más de lo que usted puede aspirar a alcanzar.

    Existe una diferencia entre ver el mundo e intentar ser el mundo. Si siente que en su interior suceden demasiadas cosas, no es necesario cambiar un modo de vida esencialmente ineficaz. Lo que comenzó como celos se convierte por fin en una falsa sensación de seguridad cuando divide su lealtad entre el ser impersonal que usted cree ser, y el ser personal que busca alcanzar la plenitud. El peligro de identificarse con la esencia de otra persona o de alimentarse con la identidad de otro puede convertirse en una amenaza muy real cuando intenta usted aferrarse a «asideros» en un mundo que cambia con demasiada rapidez como para que usted pueda llegar a comprenderlo.

    Resulta interesante observar que dado el esfuerzo que ello requiere, es posible que fracase en la tarea de extraer sus propios recursos. Así pues, si alcanza algún objetivo, no se trata verdaderamente de un logro propio, sino de algo que ha arrebatado o tomado prestado del karma impersonal. Por lo tanto, puede experimentar una sensación de futilidad respecto de aquello que realmente persigue: poseerse a sí mismo.

    Una de las dificultades kármicas más graves de este ascendente surge cuando intenta usted identificarse con la conciencia impersonal, ya que tiende a ver a los demás no como son, sino como partes integrantes del ser que usted cree ser. Puesto que inconscientemente sabe que los pensamientos relativos al dinero, los celos y la inseguridad proceden de la conciencia impersonal del mundo, puede llegar a creer que todos los demás piensan de igual modo.

    Así pues, arrastra a otras personas hacia su interior a fin de confirmar sus convicciones. Cuanto más lo hace, mayor resistencia le ofrecen los demás, los cuales le consideran una persona tozuda, grave o que se niega obstinadamente a reconocer las diferencias existentes entre su comprensión personal y la perspectiva de los demás.

    Cuando sucede eso, su sensibilidad se siente rechazada y tiende usted a retraerse, aunque al hacerlo se da cuenta de que no sabe cómo usarse a sí mismo, ya que está demasiado acostumbrado a identificar sus recursos y su sentido de la plenitud con el entorno.

    Sin embargo, cuando este ascendente permanece en el interior del ascendente, descubre que la vida tiene una perspectiva bien distinta. En lugar de identificarse con la sustancia impersonal (que puede cambiar en ocasiones cuando usted no la mantiene bajo control), su identidad está vinculada a su potencial de expresión. Cuando las energías de la carta se filtran a través del ascendente regido por Venus, se entremezclan de un modo armonioso para proporcionar una sensación de utilidad.

    Percibe el potencial del entorno, pero los pensamientos, las acciones y los sentimientos personales emanan de lo que usted reconoce de modo realista que puede hacer. La sensación de seguridad que persigue este ascendente se alcanza aprendiendo paulatinamente el modo de emplear de forma útil los talentos y habilidades inherentes al horóscopo. Así, el mundo puede cambiar sin que usted pierda la sensación de estabilidad interior. Aprende a apreciar el valor del ser amante en situaciones y circunstancias que impersonalmente pueden o no exudar el amor que usted alberga.

    Los sentimientos proceden del alma y una gran capacidad de sentir proporciona un modo de vida provisto de una suave plenitud. Tal vez adquiera muchos bienes, coleccione objetos y acumule gran cantidad de posesiones, pero, en tal caso, lo que le impulsará a adquirir posesiones será el amor que siente por la belleza, y no el deseo de impresionar a los demás.

    Todo lo que sienta dentro de su ser interior (si pasa por el ascendente), entra en contacto con la tierra de un modo eficaz, a través del amor suave y práctico que es inherente al ascendente Tauro. Entenderá cómo hacer las cosas y cómo lograr que funcionen. Asimismo, este ascendente puede disfrutar de la música y apreciarla sin tener que comprender su técnica.

    Y sobre todo, la perspectiva de la realidad proporciona uno de los mejores filtros de personalidad de todo el zodíaco, ya que tiene una increíble capacidad para descartar todo el karma impersonal que no sea de utilidad a la expresión del potencial interior.

    Incluso puede olvidarse de las interferencias impersonales que de otro modo le alejarían de su objetivo. Tiene usted el don de la continuidad, y una vez se pone en marcha con un rumbo determinado, es capaz de seguirlo hasta alcanzar la meta.

    El mundo exterior puede tentarle con distracciones, pero le es posible ignorarlo si resulta carecer de valor. De este modo, su ascendente Tauro puede percibir su lugar en el mundo mediante la forma en que usted es útil, y terminará por descubrir que cuanto más lo haga, mayor será su capacidad para hacerlo. En lugar de aferrarse a «asideros» a fin de hallar la seguridad, sus pies descansarán en tierra firme y sabrá qué hacer con ella en su interior.

    Es posible que no siempre exprese con palabras todo lo que sabe, pero la personalidad posee una cualidad natural que sabe cómo fluir. Los ascendentes Tauro son extremadamente sensibles a los factores meteorológicos y clarividentes a la hora de reconocer el modo en que las vibraciones de un día determinado obstaculizarán o contribuirán a la realización de cualquier plan.

    El ascendente Tauro posee un claro sentido de la continuidad que procede de su capacidad para planificar
    Y llevar cualquier plan a buen término. Si buscara su identidad fuera de sí mismo, hallaría muchas interferencias que impedirían que los planes se manifestaran de un modo eficaz. Sólo si permanece en el interior podrá deslizarse selectivamente por entre las circunstancias cambiantes del karma impersonal, al tiempo que conserva su objetivo original.

    Este ascendente posee asimismo una generosidad innata. El ascendente Tauro extrae el potencial de su ser interior a fin de que pueda dar. Su personalidad desea dar y se siente extremadamente cómoda en su piel si puede complacer a los demás dándoles lo que valoran. Y puesto que Tauro es el signo de los valores, conoce usted instintivamente las necesidades de aquellos a los que ama.

    Así pues, la adquisición de dinero, riqueza y plenitud va dirigida a conferir más amor y belleza al mundo. Usted sabe cómo expresar estas energías de un modo significativo haciéndose a sí mismo y haciendo las cosas que hace, así como representar un don de gran valor para aquellos en cuya vida participa.

    Tan sólo haciendo las cosas con amor y dando con sentimiento la personalidad del ascendente Tauro podrá ser ella misma.

    :flower

    Fuente
    Martin Schulman
    El Ascendente

    #5649
    Avatar
    tagus
    Participante

    :kiss gracias Lua
    Ya lo leeré con interés.
    ¿Podrías poner todos los Ascendentes?
    Los estoy copiando, para luego leerlos atentamente, ya te daré mi opinión sobre el mío.
    taguis

    #5650
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    Mendell
    Participante

    Buenisimo Lua ;)

    Muy buena idea tag

    uff, leer en la compu me mata :geek:

    #5651
    Avatar
    Lua
    Participante

    :P apenas tenga un ratin de tiempo Mendell…seguramente el findex…

    :shock: si…eso de leer en la compu es una lágrima sola…tal cual…

    :flower

    #5652
    Avatar
    Lua
    Participante

    El ascendente :geminis

    El ascendente Géminis se basa en la cultura y la comprensión. Posee una gran intuición y la capacidad de expresar con gran elocuencia lo que siente en su fuero interno. Es capaz de comprender la naturaleza de la dua-
    lidad, y aunque a veces puede parecer hipócrita a los ojos de los demás, su capacidad inherente para comprender ideas en conflicto le hacen muy popular.

    Cuando vive fuera de sí mismo y se identifica con el karma impersonal, cae usted en la trampa de la curiosidad. Puesto que tiene necesidad de conocer todo aquello con lo que se identifica, no tarda en aprender a copiar las maneras, los actos y las ideas de otras personas. Al hacerlo, asimila gran cantidad de información, de hecho, mucha más de la que su ser interior puede manejar. En consecuencia, salta usted de una «personalidad» a otra, evitando cualquier confrontación con su ser interior. Por desgracia, eso acaba por hacerle llevar una vida de comparaciones. Es bien posible que llegue a sentirse insatisfecho con el sentido de su vida si, a causa de la envidia, experimenta a modo de sustitución gran cantidad de ideas procedentes de otras personas. Al no estar en contacto con su propio centro, a menudo habla de cosas que no conoce realmente, lo cual provoca luchas verbales con otras personas, que no consiguen más que hacerle sentirse frustrado y disperso.

    Aunque su agilidad mental resulta admirable, a menudo no lleva a ninguna parte. Y puesto que no actúa usted desde su centro, puede pasar a depender de otros para enfocar el potencial de su ser interior. Se trata del único ascendente que puede perderse en los demás hasta el punto que termina por no verse más que superficialmente.

    Tal vez el factor menos fiable del karma impersonal sea el caleidoscopio de ideas que cambia cada día. Si se identifica momentáneamente con estas ideas cambiantes, no será capaz de concentrarse en un punto de la realidad que le permita expresar lo que se halla en su ser interior. Tal vez tenga muchos amigos y sea extremadamente popular gracias a la multitud de ideas y temas que le interesan, pero aun así, es posible que lleve una vida carente por completo de sentido.

    Una de las mayores dificultades de este ascendente surge cuando se identifica usted con el karma impersonal del entorno y empieza a temer subconscientemente los efectos que tienen las palabras en su ser interior. Es muy sensible al lenguaje, a las palabras y al modo en que lo perciben los demás. Sin embargo, y puesto que es de palabra fácil, con frecuencia esconderá su sensibilidad o se esconderá de sí mismo. Y es aquí donde la dualidad de Géminis le plantea su mayor desafío. Usted quiere que sus palabras tengan sentido para los demás, pero puede temer que las palabras de los demás le afecten profundamente.

    Una de las experiencias más corrientes en este ascendente es que aunque puede usted emprender gran cantidad de actividades distintas, tal vez tenga la sensación de que no está haciendo lo que se espera de usted. Ello se debe a la identificación externa, la cual, a causa de su impersonalidad, no puede guiar su vida personal. Cuanto más intente entender ideas, más inquieto y voluble se volverá (en consonancia con las ideas cambiantes de la mente consciente, que pueden dispersar sin ningún esfuerzo su sentido del propósito).

    Interesarse por todo no es mejor que no interesarse por nada. Puede enorgullecerse de ser la única persona que sabe lo que significa una palabra muy compleja e inusual. Pero la identificación externa le impide darse cuenta de que podría hacer cosas más útiles con su capacidad de comprensión. La afición por los crucigramas, los juegos de palabras, los acertijos y los millares de preguntas que plantea la vida cada minuto pueden
    llevar a la mente al estado último del análisis. Y entretanto, su ser interior yace adormecido, incapaz de reaccionar porque está usted demasiado ocupado identificándose fuera del ascendente.

    Sin embargo, cuando la identidad está arraigada en el interior del ascendente Géminis, su perspectiva ante la vida será bien distinta. Los diferentes potenciales de la carta se enfocan mediante la capacidad de percibir la relación que mantienen entre ellos. Reconoce usted una vasta reserva en su interior y es capaz de activar ideas a través de una elocuente corriente de pensamiento que fluye incansable por su ser. En lugar de poner en práctica ideas y actitudes procedentes de otras personas, aprende a componer sus pensamientos de modo que expresen sus sentimientos del mejor modo posible. Su instintiva curiosidad se basa en el interés y no en la comparación o la competencia. En consecuencia, puede aprender mucho de las ideas existentes en el karma impersonal, pero éstas nunca le alejan de las ideas que proceden de su interior. Puede comprender conceptos del mundo que son trazos o partes integrantes del todo procedente del potencial interior.

    Es usted un comunicador nato, y si permanece en el interior de su ascendente, puede mantener bajo control las ideas que transmite y los medios que emplea para expresarlas. Podría ser poeta, escritor o profesor, ya que sus palabras (en lugar de proceder de las piezas sueltas del karma impersonal) reciben el estímulo del ser interior, el cual, a su vez, viene regido por el alma. Posee la capacidad natural de todas las formas de los medios para transmitir ideas. Su verdadero talento, sin embargo, reside en la capacidad de educar, aprender y comprenderse cada vez mejor a sí mismo.

    Se trata de uno de los ascendentes más complejos del zodíaco, porque Géminis se representa mediante los legendarios gemelos, Castor y Pólux. Puesto que uno de los gemelos es mortal y el otro, inmortal, experimenta usted la dualidad de estas dos perspectivas distintas. El gemelo mortal sabe que terminará por morir, por lo que siempre huye de todo aquello que simbolice un fin. El gemelo inmortal ve más allá y entiende el mundo como una corriente eterna de ideas. Al gemelo inmortal no le cuesta permanecer en el interior del ascendente. El gemelo mortal, por su parte, huye de sí mismo cada vez que experimenta algún tipo de culminación (que el gemelo mortal interpreta temeroso como la muerte). Cuando ello sucede, el gemelo mortal intenta identificarse temporalmente con cualquier otro a fin de experimentar un sentimiento de supervivencia. Usted siempre se está dividiendo entre la identificación con el karma impersonal o la conciencia de linaje, y el karma personal que hay que manejar a través del ser interior. Como consecuencia de ello, la personalidad tiene la sensación de hallarse ante una brecha, las ideas se tornan ambiguas, los temas poseen verdades distintas cuando se los aborda desde marcos de referencia diferentes. Incluso su sentido del yo constituye una dualidad.

    Es usted tanto el transmisor como el receptor de ideas. Si logra mantener a ambos gemelos dentro del ascendente, podrá llegar a comprenderse a sí mismo. Pero si uno de los gemelos sale del ascendente movido por el temor, la identidad externa y la interna siempre estarán en conflicto.

    Las personas que necesitan comunicarse sienten el deseo de ser comprendidas por los demás. Si tiene ascendente Géminis a menudo se acercará tanto a la otra persona que permanecerá con ella conscientemente hasta haber asimilado sus ideas, las cuales provocarán en usted una suerte de división. El ego del gemelo mortal busca un hogar aceptable para sus pensamientos en la mente de otro. Cuando usted se dé cuenta de ello, podrá aprender a controlar al gemelo mortal mediante los conocimientos superiores del gemelo inmortal. Así pues, en lugar de abandonarse a sí mismo (ya sea por temor o por el deseo de dar a conocer mejor su comprensión), podrá mantener las dos mitades de sí mismo dentro del ascendente y experimentar la coincidencia de los pensamientos dentro de la totalidad de su propia expresión creativa.

    Eso no significa que la información procedente del mundo exterior sea innecesaria, porque el verdadero comunicador tiene que experimentar gran cantidad de ideas a fin de añadir color, perspectiva y significado a todo aquello que intenta expresar. Pero el modo en que experimenta las ideas del karma impersonal debe ser también impersonal. El ascendente Géminis debe aprender a emplear las ideas de los demás sin convertirse en un simple mimo.

    Existe un doble canal de comprensión cuando ambas mitades del ascendente se colocan a la misma altura. El gemelo mortal cuestiona lo que el gemelo inmortal sabe de forma innata. El gemelo moral recaba y recuerda información procedente del mundo exterior, a fin de confirmar y validar todo aquello que el gemelo inmortal expresa a través de la personalidad. Cada vez que una idea emana del ser interior queda confirmada por una idea igual o similar que el gemelo mortal ha comprobado que existe en el karma impersonal.

    A continuación, la mitad mortal descarta la idea, mientras que el gemelo inmortal puede expresarse respaldado por todo el potencial de la carta del individuo. Así pues, por el ascendente Géminis fluye una corriente constante y controlada de información. Y a través de este proceso de confirmación y expresión de pensamientos, será usted capaz de validar su relación con el mundo de las ideas.

    Si tiene ascendente Géminis y vive fuera de sí mismo, tiende a identificarse con comunicadores y escritores, porque ello le hace sentirse más culto y consciente. En consecuencia, puede llevar una vida muy superficial. Puede obsesionarse con banalidades hasta tal punto que nunca reconocerá la verdadera perspectiva de la comprensión que su karma le dicta percibir. Si vive dentro de sí mismo, podrá evitar identificarse personalmente con aquellos a los que admira, y podrá experimentar la esencia del período histórico, el lugar en la civilización, la contribución a la cultura y el siginificado profundo de lo que verdaderamente expresan los comunicadores o escritores.

    Podrá dejar de analizar el significado específico de las palabras, las frases o las formas de expresión, y captar el verdadero espíritu de la comunicación, que es en lo que consiste su contribución a un mundo civilizado.

    :flower

    Fuente
    Martin Schulman
    El Ascendente

    #5653
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    Lua
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    El ascendente :virgo

    El ascendente Virgo representa la capacidad humana para ordenar la personalidad. Si tiene ascendente Virgo, puede saber cómo distinguir entre lo que es bueno, lo que es mejor, y lo que por fin sacará a la superficie la pureza que encierra el alma. Hallamos aquí el filtro de personalidad más sensible de todo el zodíaco. Posee un canal extremadamente estrecho, gracias al que puede contener un sentido de la decencia y protegerlo de todo lo que de otro modo destruiría la pureza de los ideales. Puede ser una persona pensativa, culta y humanitaria dentro de un marco de razón, que es la esencia misma de su personalidad.

    Si se identifica con el karma externo (y vive fuera de su ascendente), puede llevar un modo de vida extremadamente frustrante. En el transcurso de un solo día, millones de pensamientos e ideas fluyen por el éter.

    Una gran sensibilidad, junto con la necesidad de orden, le conducen a examinar con espíritu crítico todos los pensamientos que asimila. Es posible que experimente tal circunstancia como una corriente constante de nerviosismo, ya que por mucho que analice, no puede resolver nada. Su comportamiento puede poseer una cualidad frenética que le empuja sin cesar a criticar y a ocuparse de un karma que no es verdaderamente personal.

    Puede llegar a preocuparse en exceso por la salud, incluso volverse hipocondríaco u obsesivo, dependiendo de las modas pasajeras o los consejos que asimile de los demás. En su trabajo, puede concentrarse en exceso, hasta el punto de resultar fastidioso, a fin de descargar la energía nerviosa que genera sin ser consciente de ello. Al buscar aquello que en verdad le molesta, puede verse envuelto en tal cantidad de detalles que emanan del entorno externo que es posible que caiga en la trampa de la «micromanía».

    Cuanto más intente ordenar personalmente su entorno (el cual, de todos modos, debe seguir su curso impersonal), en mayor disarmonía se hallará con la realidad de la relación que sostiene con el mundo. Intenta resolver acertijos que no está en situación de esclarecer, y reacciona ante el equilibrio cambiante de la naturaleza como si de algún modo estuviera trastornando personalmente el orden que usted había planeado.

    Por supuesto, si vive fuera de sí mismo y tiene un profundo sentido del orden, el desorden del entorno puede convertirse fácilmente en una afrenta personal. La mayor dificultad con que tropieza la personalidad del ascendente Virgo (si se identifica usted con las influencias externas) consiste en el modo en que trata a los demás como seres humanos. A causa de su nerviosismo y del intento por aislarse de todo aquello que es demasiado crudo o desordenado como para encajar en su concepción personal y planificada del universo, tiende usted a bloquear la estructura de su personalidad. Puede dividirse en pequeños compartimentos, ya que las distintas partes de sí mismo están pulcramente organizadas.

    No experimenta la corriente de la vida que permite a su personalidad integrarse con los demás. En su relación con otras personas, se convierte en un ser excesivamente mecanizado, siempre a la defensiva o de miras estrechas en sus críticas a la hora de juzgar si su universo personal es aceptado o rechazado.

    Se juzga a sí mismo a partir de sus ideales, y a los demás de acuerdo con sus acciones. Intenta crear sistemáticamente un círculo de amigos y conocidos que encaje en el orden que ha establecido. Todas las personas
    son imperfectas, lo cual resulta decepcionante. Puesto que se identifica con los demás, se percata de la posibili
    dad de que sus imperfecciones repercutan en usted.

    En cierto modo, percibe el mundo como un lugar contagioso en el que o bien debe estar a la defensiva (a fin de
    sobrevivir), o bien ve a las personas como prolongaciones de lo que hacen y lo que poseen (en lugar de verlas
    como los seres humanos que están intentando ser).

    Cuando vive tras la puerta protectora de su aseendente, la percepción de sí mismo, así como sus relaciones con los demás y el mundo externo son diametralmente distintas. Esta perspectiva supone que ya no puede juzgar el mundo exterior, sino que intentará purificar sus propias motivaciones. Será consciente del potencial
    que existe en su interior y sabrá cómo expresarlo a través del orden y la razón. En lugar de mostrarse crítico
    hacia sí mismo o hacia los demás, empleará su gran capacidad de discernimiento para expresarse de un modo
    óptimo en cuanto se le presente la oportunidad.

    Virgo es un ascendente único. Si vive dentro de sí mismo, incrementa la cualidad y la pureza de toda la
    carta. Incluso cuando en el horóscopo se indiquen aspectos pertenecientes a la bajeza humana, estos
    aspectos quedarán refinados, ya que se expresarán a través del filtro del ascendente Virgo. Si vive fuera de sí mismo, los ideales del ascendente Virgo se vuelven demasiado elevados como para poder ser alcanzados. Así pues, no podrá quedar satisfecho, haga lo que haga. Pero si vive dentro de la puerta kármica del ascendente (conectado a su fuente), podrá funcionar sin dificultad a niveles kármicos positivos.

    De esta carta no puede emanar nada que se halle por debajo del listón de la elevada moral de su carácter. En este sentido, no se compromete, pues en lugar de criticar a los demás, intenta mantener un nivel de conciencia a través del que se puedan manifestar los potenciales más refinados del ser interior. Conoce el valor moral de la identidad y sabe que debe obedecerse a sí mismo si quiere servirse a sí mismo. En lugar de emitir juicios de valor respecto a las normas de la sociedad que existen en el karma impersonal, conserva dentro de sí mismo una ética discernidora más aguda. Si se identificara con el karma externo, se identificaría personalmente con todo aquello que debe ser corregido en el mundo. En consencuencia, le parecería que todo lo que piensa o hace es incorrecto de algún modo o que los demás deben corregirle. Por lo tanto, podría experimentar un profundo complejo de inferioridad.

    Puede criticar a los demás a fin de equilibrar este sentimiento, pero nunca podrá convencer realmente de que su personalidad funciona de un modo adecuado, al nivel que satisface al alma. Así pues, es posible que se convierta en un perfeccionista que nunca llega a ninguna parte. Pero si su personalidad está profundamente arraigada en su interior, podrá elaborar sistemas que le hagan sentirse capaz de funcionar en cualquier situación .Dada la atención natural que presta a los detalles, tiende a autoanalizarse con toda meticulosidad.

    Constantemente estudia y analiza sistemas que le permitan poner en orden su mente. Elabora metodos «informáticos» para seleccionar y almacenar información. Si su identidad está arraigada fuera del ascendente, tenderá usted a manipular su mente, y cuanto más lugares o categorías de almacenaje halle para todo aquello que asimila, mayor será la sensación de que su conciencia personal resulta eficaz.

    La dificultad estriba en que puede pasarse toda la vida resolviendo problemas de personalidad, que tan sólo existen porque ha personalizado usted la suficiente información como para demostrar las distintas modalidades en que puede hacer funcionar su mente. En consecuencia, trabaja en su mente, en lugar de a través de ella, intentando construir mecánicamente una conciencia que merezca la pena vivir.

    Se preocupa por gran cantidad de pensamientos adicionales que le conducen a respuestas, pero no a soluciones. Cuanto más intenta ordenar su conciencia, más deshumanizado se torna. En consecuencia, en lugar de experimentar la vida tal como es, puede caer en la trampa de convertirse en una suerte de marioneta, de robot, reaccionando a menudo negativamente a los hilos o a los botones de los que usted mismo tira o que usted mismo pulsa.

    Si permanece dentro del ascendente, no tendrá necesidad de manipular. Se convertirá en su propia fuente de conciencia, en lugar de ser un conglomerado de piezas externas del karma impersonal, que intentan de algún modo juntar las piezas de su rompecabezas. Una vez purificada y expresada esta conciencia, los ideales de Virgo actúan como un filtro discernidor, que le permite funcionar a través de su mente en lugar de concentrarse en ella. En lugar de buscar cantidad, perseguirá calidad en la vida. Podrá hacerlo sin necesidad de criticar los factores del karma impersonal que no le pertenezcan. Reconocerá un determinado orden en las cosas, y en lugar de mostrarse crítico de una forma puritana, será capaz de vivir modestamente y podrá alcanzar muchos de los objetivos que se proponga.

    Poseerá un gran sentido de la presencia en el aquí y el ahora y sabrá muy bien cómo emplear al máximo el potencial de su carta sin hacerse añicos por ello. Cuanto más funcione a partir del ser interior, más trabajará el ascendente Virgo para conducirlo hacia la cima. Podrá sentir al instante la esencia divina de los objetos y las ideas. En lugar de llenar su mente con los desatinos de los demás, podrá llevar un estilo de vida que será muy eficaz.

    Puesto que el nodo norte (a través de su cualidad purificadora) se asemeja mucho al signo Virgo, puede aprender con mucha facilidad las lecciones a las que le lleva su alma. No tiene ninguna necesidad de comprometerse. Si se emplea del modo apropiado, el ascendente Virgo no es un producto del ego. En lugar de ello, intentará usted alcanzar una comprensión superior del propio potencial, no sólo en el marco de lo que es capaz de hacer, sino también en el contexto del modo en que pueden cumplirse apropiadamente las obligaciones, a través del contacto útil con el entorno impersonal. Así pues, no tiene necesidad de analizarse a fin de comprenderse. Lo único que tiene que hacer es permitir que las distintas partes de sí mismo funcionen a través de los filtros clasificadores del ascendente Virgo.

    :flower

    #5654
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    Tornix
    Participante

    :roll: esteeeee… ¿falta mucho para :escorpio ?

    :?

    :yy T.

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